La Última Escapada.

mayo 24, 2009

(Uno no se da cuenta de lo prostituido que anda el pasado hasta que repara en el mal uso que la gente hace de los símbolos, así esta el pasado y así anda el presente, un poco ciego, un poco al tun tun sin saber muy bien quíen es quíen en su prepotencia onomástica. Ese es el caso de este héroe diluido entre los años y cuyo nombre se reinventa con cada nueva lengua que se posa sobre él).

Últimamente estoy al borde de un viaje a la inversa,  una aventura deshilada, y todo esto me puso a pensar en aquellos que con el alma en tres pedazos o con el pecho hinchado de orgullo hacen maletas para regresar a la tierra que un día los vio nacer.

Justamente pensando en hacer esas maletas, que a modo de manto de Penélope se han convertido en mi única excusa para no tomar decisiones, fue que reparé en el tan de moda “Síndrome de Ulises”, un mal psiquiátrico que por lo visto define al tercermundista que se salta el estrato y llega el primer nivel del orden económico. Es decir, no al extranjero, al inmigrante porque extranjero es el que es como ellos, y el otro es el que viene a ser ciudadano de segunda clase.

Muy en la linea del señor Freud la sicología actual sigue aquella moda, impuesta por su padre, y se sirve de los mitos helénicos como si fueran un libro de nombres de bebé. Sin embargo me da a mi que alguien no se leyó La Odisea, o no la entendió, porque el mito lo tiene totalmente del revés.

Se puede perdonar el hecho de que la gente llame Ulises a Odiseo, es un error histórico tan generalizado que ni siquiera es relevante, pero no comprendo como un semidios que viene de destrozar al enemigo envuelto en ese halo de triunfo y orgullo patrio se puede parecer a un inmigrante nigeriano, peruano o saharaui. Este hombre se embarco en una cruzada que hoy en día sólo se pude comparar con travesías militares tipo Afganistán o Irak, pero además el señor Odiseo venia muy bien acompañado de un sequito de fieles guerreros que lo seguían hasta la muerte. No veo las conexiones por más que me rompa la cabeza.

Pero es que incluso en  lo más evidente esta tergiversado; Odiseo regresa a su casa mientras que el inmigrante la deja atrás. La tristeza y sensación de alineación que siente un inmigrante y que quizá se podría asemejar a algunos  parlamentos de la Odisea, son causados por estímulos totalmente opuestos; el uno viene y el otro se va. Odiseo recorría un camino ya andado y la mujer colombiana que deja sus tres hijos en busca de un trabajo digno y un futuro mejor se va sin saber muy bien que va a encontrar. Es tan obvio que parece que alguien se perdió el capitulo de barrio sesamo sobre ida y vuelta.

Justo ahora que me veo en la humillante situación de regresar casi en contra de mi voluntad me doy cuenta de lo diferente que es,  recuerdo aquel vuelo de ida hace siete años y sé con toda seguridad que este, el de vuelta,  no se parecerá en nada. La emoción de lo desconocido, el desencanto de una realidad idealizada y el fracaso de la soledad son el viaje A, en el viaje B el individuo sabe lo que le espera y aunque todo sea familiar te sientes alienado, todo cambia pero desde dentro no desde fuera, es una cuestión personal y no del entorno.

En lo único que el inmigrante es similar a Odiseo es en aquella voluntad de hierro, ese deseo inquebrantable de seguir adelante, de llegar al sueño anhelado sin importar si te pierdes a ti mismo en el camino, porque la mayoría están en esto por algo más que por sí mismos, la mayoría son una posibilidad única para toda una familia, ¡que carajos! muchos son una posibilidad única para un país entero, y es por esto que cargan con la misma responsabilidad que arrastraban Odiseo y sus hombres. Ojalá tuvieran las mismas bendiciones de los dioses y llegaran a buen puerto, ojalá los finales fuesen similares y esa tierra ajena se convirtiera en su Ítaca, ojalá el dichoso síndrome de Ulises imbuyera por el poder del tocallismo esos buenos presagios a sus afectados.

Una cosa que no entiendo es como el autor del síndrome no se fijó en mitos que casi calcan la experiencia o viajes de inmigrantes históricos que lucharon por alcanzar esa tierra prometida, ¿acaso Moisés o Medea no son lo suficientemente postmodernos?

Por mi parte sé que el canto aguado de las sirenas empieza a disiparse y auque me vuelvo sin las tareas hechas, con el rabo entre las piernas y vacía, sé que aquello que alguna vez me embarcó en esta aventura se encuentra  al otro lado del Atlántico, y he de ir a buscarlo con urgencia,  de lo contrario la cordura explotará en mi interior dejándome huérfana del todo, dejándome sin siquiera la memoria de lo que fui antes de pisar el país de las maravillas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: