Estadísticas para nada.

junio 22, 2009

Se llama Nataly y el día en que la conocí cumplía 17 años.

Ese día se levanto sobre las 5 am para llegar a su trabajo. Nataly con sus 17 años estrenados va tres veces por semana a limpiar y cocinar en la casa de mi tía, porque Nataly tiene un hijo de 2 años y los niños no salen baratos; en Colombia un hijo puede costar entre 755,35 y 2.101,27 salarios mínimos legales vigentes, es decir alguien que gana el mínimo ($408.000) necesitaría trabajar 62,94 años, sin interrupciones, para cubrir los gastos de un hijo de estrato 4 ó 5, o en otras palabras el 40% del mercado familiar se va en los niños. Así pues Nataly, siendo menor de edad, tiene que trabajar por narices y menos mal que tiene el trabajo que tiene, ya que Colombia es uno de los países con mayor número de casos de explotación laboral infantil, en esta nación existen por lo menos un millón de menores de edad (de 5 a 17 años) en condiciones que vulneran sus derechos.

Le cantamos el cumpleaños mi tía, mis dos primos, mis dos tiabuelas, un amigo de mi primo y yo.

Cuando uno la mira parecería como cualquier adolescente, y quizá lo sea, pues desde 1990 la tasa de embarazo en la adolescencia ha aumentado, si antes era de 70 por cada mil mujeres de 15 a 19 años en el 2005 llego hasta 90 por cada mil mujeres, o sea que el 22% de las adolescentes en el país ha estado alguna vez embarazada.  Sólo en Bogotá el año pasado se registraron más de 20.000 nacimientos en madres de 15 a 19 años y cerca de 550 nacimientos en adolescentes de 10 a 14 años.  Lo dicho Nataly cargando a su hijo de dos años es tan sólo una adolescente más, nada extraordinario.

Hace una semana Nataly salió por la misma puerta, aquella que cruzaba ahora mientras yo la observaba, la puerta de la casa de 55 millones de pesos de mi tía, ese día se llevo el primer computador que mi tía compro, uno de esos que solamente tienen disquete. Un computador, que para mis amigos fervientes Mac-eros sería una pieza de museo, fue motivo de absoluta dicha para ella,  ahora podría hacer todas las tareas del colegio en él. En este país el número de jóvenes que utilizan computador es del 66,2% y no lo usa el 33,8%, de estos el 22,6% son mujeres, así que la dicha esta más que justificada, por lo menos desde el objetivísimo punto de vista estadístico.

Lo que ella no sabia era que esa misma semana moriría el padre de su hijo con tan sólo diecinueve años. Nataly dice que murió de un ataque al corazón por presenciar un tiroteo, mi tía no le cree, realmente es más factible que lo hallan asesinado. Otra cifra normalizante para Nataly ya que Colombia tiene la cuota más alta en América Latina de mortalidad temprana por homicidios. Supongo que uno nunca sabe, justo hoy ha muerto la hija de una amiga de mi familia: en la ducha, con 22 años, a una semana de sustentar su tesis de grado de biología y estando absolutamente sana. Llevo años teniendo la sensación de que  los jóvenes en este país mueren por nada, pero hoy esa nada parece algo más sobrenatural, algo más extravagante y cruel por carecer de explicaciones que calmen la pérdida.

La madre de Nataly llamó a mi tía para decirle que ella no podría ir el lunes atrabajar a causa de lo ocurrido. Mi tía dice que la madre de Nataly es igual que ella, tan igual que tiene un niño de la misma edad que el hijo de Nataly.

Algunas personas son más de una estadística andante y cuando uno los mira es imposible no sentirse desconcertado, porque derepente todos esos insignificantes números que atosigan los artículos de prensa y las piezas de los noticieros se convierten en carne y hueso, con un cuerpo de niña y una sonrisa de ingenuidad aterradora para tanta tragedia grapada a una sola cara. Ella no conoce ninguno de esos fríos datos que la definen, la clasifican y la convierten, irónicamente, en justamente eso; una adolescente normal de este país.

Mientras salía por la puerta me era imposible mirarla sin ver un manchon de números caminante, un manchon que se adentraba a estas calles de locos con una valentía que yo jamás comprendería, estas calles pobladas por miles de manchones similares desconocidos, llenas de estadísticas de caos e injusticia que no parecen servirnos para nada.

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