Noches de cerebros rebosados.

julio 11, 2009

A la culpa que se avecina, la culpa encumbrada, culpa de oro y plata.

Por todos los lados del cuadrado el objetivo es el mismo.

En todas las caras de tu escuadra veo lo repetido.

El cielo retorcido y el horizonte palpitante.

Respiro y me aferro a la barra de metal que cuelga de tus pestañas.

Estoy aquí para tú  placer y tú deleite.

Susúrrale al diablo tus mentiras y redime tu aspiración existencial.

Abre aquí las puertas del presente y déjame arrancarme los nombres recortados, déjame arrancarme todas esas letras que componen tu nombre, esas letras que circuncidan mis muñecas.

Bésame con el perdón de los injustos colgando de tus babas y déjame manchada.

Acércame a ese abismo que refleja las palabras y déjame caer.

Un millón de años que nos pasan y nos envuelven en las mismas sabanas.

Aléjame de la tortura de tus pasos y déjame morir en paz.

Yo misma me tragaré las cuchillas, una a una, hasta que mis entrañas desangradas me liberen.

Cómete cada una de mis memorias y extiende mi ser dentro del tuyo.

Cómete mis ideas y escupe el veneno de lo perpetuo.

Mi culpa, esa culpa reaccionaria, mi culpa hecha silueta enajenada.

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