Madre Guerra.

julio 13, 2009

Cuando estaba en primero de historia me entere que desde nuestros primeros fósiles hay restos de muertes inflingidas por nuestras propias manos, es decir casi antes de ser humanos del todo ya éramos asesinos. Desde aquel momento entendí que la guerra es parte de nuestro código genético, creo que algún día en un futuro próximo descubriremos un gen de la guerra, tan importante como el que nos imprime colores o nos define el sexo.

Hoy vi Vals for Bashir, una historia de guerra en un país cuya biografía se puede contar en guerras, todas sus generaciones han existido entre batallas.  Israel es un invento pensado para alimentar guerras, una inversión de la muerte. Sus ciudadanos son casi todos soldados, sus memorias colectivas son tejidas por las Valquirias, y en esta película se entiende como sus guerras, al igual que las nuestras, parecen ser siempre las mismas. Ellos, como nosotros, vivimos en un combate reiterado, en medio de matanzas de nunca acabar, en espera de la paz esquiva.

El protagonista es el mismo autor, Vals for Bashir es un ejercicio de catarsis para su director, y a la vez es la historia olvidada por la vergüenza. Había mucho en esa película que me resonaba a propio, supongo que precisamente por ese vinculo innombrable que tienen todas las guerras enquistadas, viéndola pensé en las obras de mi vida, en todos los proyectos que me desvelan,  y me di cuenta que estoy un poco obsesionada con la guerra, casi todo lo que he hecho en mi vida me ha llevado tras sus pasos, veo en ese espejo que no he podido escapar a mi contexto aunque este jamás se halla materializado en mi propia carne.

En Israel y en Colombia se crece de un mismo modo, sabiendo siempre que hay una guerra en el horizonte, escuchando todos los días noticias de  sangre derramada. Pero hay una diferencia aplastante entre esa guerra y la que libra mi adolescente país, pues no hay más crueldad que las guerras fraticidas, aquellas en las que nos matamos entre hermanos, y que por alguna extraña razón llamamos disque “civiles”. Crecer así me ha dejado jodida de por vida, creo que cada vez que termino obsesionándome con alguna guerra es porque tengo que explicarme algo dentro de mí que no entiendo. No entiendo esa parte mía escrita en balas por el simple hecho de que la guerra en mi país es un extraño espejismo, distante y cercano a la vez, es el fantasma más poderoso, una fuerza invisible que me ha configurado como persona sin que yo sepa cómo.

Mi guerra es como un sueño, es terriblemente importante para mi subconsciente, lo ha moldeado a muchísimos niveles, eso lo sé porque lo veo en todos, los que como yo, hemos crecido a medio camino entre la burbuja de la clase privilegiada y la imponente realidad de casi un siglo de violencia. La gente de países pacíficos no tiene ese tinte de miedo reprimido que caracteriza a mis semejantes, ese miedo negado y escondido que guardamos cuidadosamente en algún lugar de la parte trasera de la mente para que no estorbe nuestra realidad burguesa, como el soldado de Vals for Bashir nos refugiamos en alucinaciones.

Vivimos resguardados en barrios con CAI, portero, sistema de seguridad y mucho dinero invertido en mantener nuestro bonito espejismo. Así crecimos y por eso el miedo se nos pego a la piel sin que fuésemos conscientes de lo que era, se nos pego por el simple hecho de que por más que intentemos evadirnos el conflicto estaba aquí antes de nosotros y seguirá aquí mucho después de que nosotros seamos tan sólo cenizas burguesas bien pagadas.

Eso es lo que me perturba; mi noción de guerra es más mítica, más simbólica, más metáfora que realidad y por eso es tan poderosa. En mí la guerra es un cuento eterno que me ha arrullado sin saberlo todas y cada una de mis noches,  soy como el hijo que presiente a su madre pero no la ha conocido.

La guerra es la diosa de mi patria, es la diosa por la que tantos han muerto, y sin embargo, para los que nacimos con suerte, es una diosa negada y sobornada lejos de nuestra presencia.

Me han protegido de esta diosa toda mi vida pero su poder es arrollador, esa es su función; destruir. Y la guerra ha destruido las barreras y se ha apoderado de mis narrativas, de mi instinto creador, yo he traducido sus cantos sin saber muy bien que eran suyos.

Ahora que me veo como sacerdotisa de su historia el miedo es aun más potente, porque no sé que le sucede a aquellos que reciben sus bendiciones y la ignoran, no sé que sucede a los ingenuos que, como yo, vivimos en una alucinación de billetes fortificados.

Tengo miedo de descubrir la ira de una diosa tan poderosa y tantas veces negada.

waltz-with-bashir-rabid-dogs

GOOD HUNTING…

Una respuesta to “Madre Guerra.”

  1. alskling said

    “una guerra no es una guerra sino hasta que dos hermanos se matan entre sí”

    emir kusturica

    aqui para reportar sintonia de 2 a.m.

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