bta.

septiembre 20, 2009

Cuando esta ciudad de paños menores abre sus fauces, el paso de sus habitantes se acelera, todos saben que es hora de huir y resguardarse de la furia del panteón urbano.

Hay, por supuesto y como en toda urbe viviente, unos cuantos descarados con ansias de cruzar límites que en ese preciso momento se alistan para salir a disfrutar de la serpiente revoloteando.

Siempre que un monstruo se enseña en toda su grandeza hay lunáticos dispuestos a regodearse en las babas chorreantes de sus labios, hay sedientos de vértigo, seres voraces que sólo se sienten vivos danzando en la superestructura incandescente y agresiva.

Cuando esta ciudad reiterada de mis días perdidos despierta, yo me pongo las botas, me pinto los ojos y me lleno los bolsillos de monedas de la suerte. Relleno mi vacío y me pongo la máscara apropiada para la ocasión y salgo en busca de ese horizonte que aún no he cruzado y que yace palpitante entre su asfalto.

Retumbo mis zapatos de tacón dos veces, pienso en Dorothy y comienzo a centellear, sé que esta noche puede ser un todo o una nada y en realidad lo que más espero es el grito del desahucio que causará cualquiera de las dos.

Camino por la noche hecha avenida, deambulo entre el océano de existencias entrópicas, y me concentro en caminar al ritmo del veneno capital, para no parecer desentonada, y ser así una estrellada más en este firmamento desplazado.

Mi querida ciudad sin reglas.

Mi cuidad regalo.

Mi amada Bogotá de cerros estridentes y contrastes sinfónicos.

Mientras la música sesea en mi organismo, el alcohol y las drogas me arrullan fuera de mí y súbitamente recuerdo el tiempo en que no me tuviste, el tiempo en que me excusaste para manosear otras metrópolis y confundirme entre sus sirvientes, el tiempo en que ensuciaba mis vestidos de nombres extranjeros. Y recuerdo tu ausencia y mi indecencia, y suspiro tu contaminación adulzada, la saboreo mezclada con el porro y el químico redondo que baja por mis conductos, y justo antes de que explote todo me siento libre por primera vez en tantos años…  hasta parece la libertad primigenia, aquella que me empujo a no temerte y a guardar la compostura ante lo decadente.

Te estoy agradecida por tus bendiciones inesperadas, aquellas que me diste sin que yo supiera que me las otorgabas, te estoy agradecida por tú silencio en el momento perfecto y sobretodo por salpicarme el alma con tus mugres, pues sin el tinte de grises platinados que es tú patrimonio jamás me habría sujetado al suelo de esta tierra… y lo he hecho por ti, incluso en contra de mi voluntad.

Adoro embadurname una vez más en tus caudales y tu escándalo, hoy no llego a ningún lado, hoy la cinética del gemido me recarga el alma.

Cuando me siento en un anden por Chapinero y me saco tus piedras de mis carnes,  sonrío  devorándome  la cámara como lo haría cualquiera de tus protagonistas, y me leo el alma.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: