enero 22, 2011

Hacía muchos años que no sentía que el corazón se me abría de par en par en un gemido adolescente, siempre me creo que estoy con la persona correcta cuando ando en arenas movedizas.

No entiendo porque me haces estas cosas, no consigo procesarlo, no quiero pensar en las ranuras de mi cordura. No quiero pero pienso en ellas, en como respiran palpitantes cuando tu me dices las cosas que me dices y haces que mi corazón se reduzca y me apriete el pecho y me golpee el estómago.

Me rindo ya no puedo más. Aquí cuelgo los guantes y retiro las botas, es mejor ser sabios antes del error.

Tengo un pánico escénico horrible, quiero dejar esta tortura de amarte así de esta manera tan intensa y volver a mi independencia, pero estas ahí magnética, me destrozas el alma y aun así miro de frente a ver como me quemas.

Aprieta el botón de una vez por todas y deja que todo se cuele por las fisuras del espacio, deja que el préstamo barato que compramos nos designe un nuevo destinatario.

Ahora muero cuando te pienso, ahora muero cuando nos pienso.

Mis manos se sienten dormidas y un halo de irrelevancia flotante me eleva ligeramente del suelo, me doy cuenta de que soy aire, aire pasado y respirado y un adiós postergado, soy nada más y nada menos que un adiós postergado.

La vida es extraña pero aparentemente justa, el paro circulatorio de mi sentido sagrado del destino es un pago por deudas antes contraídas.

No soy tonta.

No soy más tonta.

No soy más.

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