NOT TO JINX THIS.

agosto 11, 2011

Pero lo haré, estoy segura de que lo haré, estoy segura de que en algún punto todo se convertirá en ese agujero negro que son las relaciones, y todo quedará reducido a la supervivencia del más fuerte, del más listo. La hostia emocional siempre mira desde la esquina futura, entre los extraños que deambulan el bulevar del destino y siempre está atenta a tus pasos en falso y al olor de tus miedos expirados. No es una cuestión de metáforas, es más bien una descripción detallada del laberinto que es enamorarse y desnudarse y dejarse llevar. Entretenimiento. No quiero hacer daño y no quiero que me hagan daño, pero una de las dos es siempre inevitable. Resignación. El tiempo nunca es eterno porque es mentira. El mañana, eso sí que es una cuestión de metáforas. Sus metáforas eran evidentes y ruidosas, las tuyas son íntimas y sutiles.  Cuerpos fluctuantes y mi ropa siempre en el suelo, para disimular la caída y las cicatrices. Mirar de reojo y aguantar el aire, contar sin sentido los minutos extraviados y soltarlo todo para quedarte solamente con los dedos cruzados. La luz perpleja y la casa vacía. La memoria del destierro y el terror. El futuro soleado y beligerante. Hay besos que resumen la vida mejor que palabras. Nada es lo que era y  lo sabes, y sabes hoy mejor que nunca que esas decisiones  son siempre autodestructivas. Nunca verdades. Líneas paralelas reflejadas en su rostro y la mirada apuntando al mismo vértice. El ahora. Todo es un portal, una bolsa sin fondo y un cuenco en los ojos, y el labial que se derrite mientras relames  el abandono de acero. El deber tatuado en el cuerpo y el deseo salivándote la boca.

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Es imposible pensar en el 15M sin mirar atrás, a ese otro verano de revueltas contra la sociedad consumista, ese Mayo del 68 que puso en pie a toda la sociedad francesa y luego al mundo, que demostró que las masas ya eran elites y que el discurso liberal flaqueaba.

Como entonces, el 15M enfrenta un enemigo complejo, camuflado entre la política, el mercado y la cultura, un enemigo que es inevitablemente propio.  El sistema ya no nos deja escapatoria,  revelarse contra algo tan arraigado en la propia esencia individual  es algo que no se puede conseguir violentamente,  implicaría violentar nuestro propio ADN.  Para cambiar el sistema hay por tanto que construir canales de comunicación, solventar la solidaridad y reforzar la atención al contexto, la alarma y compromiso pacífico, esa es la única receta que podemos cocinar y es, efectivamente, un plato que se debe realizar a fuego lento.

Sin embargo aquel Mayo del 68 tenía de trasfondo un mundo aún bipolar, existía ese otro discurso, que para bien o para mal, servia de antagonista real al sistema y que por ende permitía creer en otras opciones, daba un horizonte de contraste y de réplica.

Hoy solamente nos queda una opción y es creer, casi a ciegas, que existe otra dimensión existencial, aquella posibilidad que intuimos desde la virtualidad desde esa R.A. que me obsesiona. Internet rompió el silencio y permitió sumar un plano, un volumen inédito a este sistema, permitiéndonos soñar con algo más allá del liberalismo capitalista. Somos por tanto una revolución inevitablemente poética, como lo fueron nuestros antecesores, el acto de creer en la utopía es lo que nos permite romper las imposiciones pragmáticas e utilitarias de las revoluciones liberales. De ahí la importancia de luchar por nuestros símbolos, porque la semiótica es poderosa y llega a esos rincones del ser que se escapan a la razón.  Luchamos por el espíritu social y no por objetivos específicos, eso no significa que no los tengamos, pero sí implica que esos objetivos son tan sólo un comienzo, stepping stones, nuestra revolución está obligada a ser algo mucho más profundo.

Quizá es esa necesidad de anacronismo del mismo sistema por el que tantas personas nos critican y no nos comprenden, nunca es fácil empezar a cambiarse a uno mismo y mucho menos cuando todo a tu alrededor te llena de miedos ante la revolución existencial y te dice que no sirve para nada. El liberalismo y el marxismo perseguían una revolución sustentada en la idea de clases y como decía un amigo anoche, nosotros si creemos en las clases pero no sociales sino de personas.  Esos grandes arquetipos del siglo pasado necesitaban a la masa pero es que la masa ya no es lo que parece. Hoy no hay masa hay red, rizoma.

De ahí la lentitud de la verdadera democracia, aquella creada sobre la tangencialidad de la total y completa diversidad. Por eso Internet  debe ser nuestra columna vertebral, en él se encuentra el eco de lo fractal, es el riel para romper el horizonte. Por primera vez en la historia la masa tiene un medio global, libre y anárquico que le permite fluir, comunicarse y autoformarse. Ya no tenemos que pedirle permiso a la academia, ni a los medios tradicionales, por fin podemos empezar a pensar en un tipo de democracia participativa efectiva, definida por nosotros mismos. Esa es nuestra ventaja.

La desventaja es la complejidad exponencial del sistema, pero nuestras reivindicaciones son tan parecidas a lo que una vez nos vendieron los que hoy gobiernan en nombre de los mercados financieros que en algún punto la fachada se caerá por su propio peso, pronto se desvelará al gran Mago de Oz, así que por más que nos censuren, nos ninguneen y nos ataquen: “Tenemos la razón y lo sabéis.”

Somos la nueva solidaridad social, nos estamos dando cuenta que el Estado no es la solución providencial a los problemas y mucho menos la política o el dinero, sino que la solución somos nosotros. ¿Acaso no somos aldea global? pues como en las aldeas la comunidad lo es todo, está revolución nos grita que es imprescindible ser conscientes de la afectación que yo tengo sobre el todo, y nosotros hijos del ego vamos descubriendo que para sobrevivir debemos entender esa antropología reticular y recuperar lo holístico.

Nuestra reivindicación evidente es proteger los derechos sociales que nuestros antecesores ganaron en papel para nosotros y asumir que es nuestra responsabilidad hacer que esos logros  sean efectivos y sagrados. El respeto a la propiedad colectiva,  la gratuidad de nuestros derechos y la globalidad de nuestras actuaciones. Pero nuestra verdadera revolución contra el sistema es justamente que lo queremos todo, EL TODO.

La violencia siempre es un acto de ignorancia y de debilidad, de miedo, y han sido ellos los que han perdido el pulso, los que nos niegan derechos constitucionales por razones absurdas que sustentan con mentiras mediáticas y falacias subvencionadas. No podrán arrancar la voz del pueblo de las calles ni de la red y no podrán esconder el SOL con sus manos manchadas de estulticia, porque nosotros vemos más allá de lo evidente y ESTAMOS CONECTADOS.