Cuando Ortega se pregunta quién sucederá a Europa en el mando del mundo, incluso duda de si alguien será capaz de llenar sus zapatos,  todos ya sabemos que el pulso cultural hace rato que lo ganó el gigante norteamericano, pero no por ofrecer una nueva construcción del estado o siquiera una nueva filosofía política, sino porque entendió esa masa mejor que nadie y supo usarla y persuadirla para que todo fuera parte de un solo concepto; el consumo. Nada existe fuera del consumo y esa es hoy en día la única regla y el único rey de la opinión pública.

Sin embargo me atrevo  a ser un poco optimista y creo que la sociedad está reestructurándose poco a poco en una sociedad red, en un sistema de nodos que difuminan el poder,  y que interconectan a la vez que distancian al individuo de la realidad, creo que la élite vuelve alzarse como gestora de cada nodo y como creadora de opinión pública. Ahora bien ya no hay una élite en singular como parece mencionar Ortega en casi todo el libro, hay miles, y cada una especializada en su propio nicho de saber.

En cuanto los nuevos formatos del conocimiento se instalen de pleno en la sociedad, y no como ahora que conviven aún con lo que era la sociedad de masas a lo EEUU, se impondrán nuevas formas de entender la realidad. Formas alejadas del discurso lineal, formas sociales que se configurarán por la asociación discursiva y no por la finalidad historicista. Volverán los grandes proyectos de los que hablaba Ortega, solo que ya no serán proyectos estatales sino proyectos asociativos.

No hay creación estatal si la mente de ciertos pueblos no es capaz de abandonar la estructura tradicional de una forma de convivencia e imaginar otra nunca sida. (Ortega, 1930). Creo que en esa capacidad de imaginar yace la clave para construir otro tipo de estado basado en una interconexión de opiniones públicas que funcionen tal como un sistema binario. Entiendo que la sociedad occidental estuvo perdida durante buena parte del siglo XX, conflictuada con la agonía de una idea de estado ilustrado que pretendía ser ciencia, como dice Ortega, pero el pesimismo existencialista debe despertar, debe asombrarse de lo que el impulso digital puede darle e intentar afrontar la nueva complejidad globalizada como una oportunidad para crear, por fin, una nueva idea de estado.

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El abaratamiento de los elementos técnicos y la difusión del software libre han permitido al teatro explorar de un modo generalizado durante la última década los límites dramatúrgicos del espacio escénico, límites ya corroídos por los pensadores teatrales más importantes del siglo pasado. Cuando Svoboda, Artaud, Brecht o Meyerhold incluyeron los parámetros estéticos de las vanguardias en el teatro expandieron el campo narrativo del conflicto dramático, el predominio de la palabra dio paso a un teatro elevado que regresaba al ritmo como motor de su discurso, un ritmo construido por un sinfín de elementos, retornando el sentido ritual y espiritual del teatro griego.

Hoy el teatro vive por primera vez la generalización de estos conceptos, gracias a las nuevas tecnologías estas corrientes se han instalado a modo de elementos audiovisuales en un número significativo de compañías. Los increíbles experimentos de Meyerhold en 1923 al proyectar para La Terre Cabrée unas imágenes de cine policial, textos, eslóganes, dibujos o fotos, hoy se realizan por todo tipo de escenarios, con la gran ironía de que casi ninguno de los nuevos directores conoce a Meyerhold.

Cualquiera que se interese por las artes escénicas sabe que la bibliografía del último siglo escasea por estas latitudes y la atomización de los creadores, a causa de la falta de entidades académicas dispuestas a abrir sus puertas a las artes escénicas,  es el origen de este desconocimiento de sí mima que vive la escena española. Y es además la explicación más lógica al miope uso de lo multimedia y del mismo teatro contemporáneo que despliegan la mayoría de las compañías main-stream.

Entonces definir el I-Teatro como un paso más allá de lo multimedia parece algo urgente, dibujar el horizonte conceptual al que aspirar es el principio para elevar el uso de los recursos multimedia de una mera decoración escénica a una verdadera fuente de información, tanto emotiva como narrativa.

El I-Teatro podría empezar a definirse por el concepto de realidad aumentada (RA), teniendo como objetivo añadir información virtual a la información física, así lo multimedia se sumaría a los recursos tradicionales de la dramaturgia para convertirse en una parte inherente del discurso de la obra.

Esta idea puede encontrar sus orígenes en los montajes de Barberio Corsetti en la última mitad de los ochentas, que exploraban como la proyección de la imagen sobre la escena creaba una mutua contaminación, sumaba otro elemento de conflicto para que la dramaturgia y la dirección pudieran explorar campos inéditos en teatro. El dialogo de ambos discursos permitía ampliar el espectro de los puntos de vista, el universo ficticio y el ritmo existencial de la pieza. Lo audiovisual entendido de este modo es capaz de añadir poética y sublimación al montaje, pero si es usado como un lindo decorado que se mueve resulta entretenido pero no artístico.

Supongo que Brecht es el otro gran referente, aunque su uso de lo multimedia no fue tan experimental, su concepción del personaje y de la puesta en escena lo es todo para el

I-Teatro.

Por un lado al aplicar los principios de la edición construye para el teatro un riel narrativo que le permite transitar más allá de la linealidad, un principio que es básico para la integración de los discursos audiovisuales que superpuestos a una concepción ya seudo cinematográfica encajan y enriquecen la puesta en escena.

De otro lado el distanciamiento más allá de la riqueza filosófica que inyecta al teatro, y a la interpretación actoral en concreto, hoy  permite explorar las disociaciones entre realidad y virtualidad que los nuevos lenguajes multimedia proponen.  Los creadores deben cuestionarse por la relación  objeto/sujeto y observador, ya que en cuanto se interconectan en el discurso todo se vuelve relativo, pues el teatro es en su esencia euclidiano y presencial, pero cuando lo multimedia se une al baile,  el espacio escénico se torna fractal, caótico y digital.

Si el teatro se vuelve  I-Teatro hay tres dimensiones existenciales interactuando; la del espectador, la acción en vivo de la escena y la realidad virtual de lo multimedia. Todas se redefinen en ese hilo conductor que debe ser el acto teatral pleno; el acto teatral consciente de todas sus dimensiones y de la multiplicidad que su dialogo engendra. Lo maravilloso es que si esto se consigue el teatro se convierte en una verdadera interfase, el observador estará a la vez dentro y fuera del espacio.

Ahora bien para el actor el distanciamiento también se amplia, se expande por esas nuevas dimensiones taladradas por lo audiovisual, el desdoblamiento de la técnica brechiana encauza perfectamente las posibilidades del nuevo cuerpo virtual del personaje. La deconstrucción que buscaba esta técnica ahora puede alargar sus planos  puede pasar del cuerpo físico al proyectado, de lo vivo a lo artificial; una dicotomía dramatúrgica que funciona también como metáfora de esta nueva identidad social, esa afortunada coincidencia une la concepción del nivel interpretativo y la escena como analogía discursiva de la realidad.

Estas pocas palabras quieren solamente explorar la definición del concepto de I-Teatro como un marco teórico que quizá pueda establecer metodologías, discursos e historias conscientes de la riqueza de los nuevos juguetes digitales, mucho más allá de ese hipnótico efecto ultra esteticista y superficial que prolifera hoy en día.

Esa es la importancia de la I de I-Teatro, la I de interacción; la cualidad con más potencial de este concepto. La famosa cuarta pared ahora automáticamente desaparece, el acto teatral tiene que concebirse a sí mismo como un espacio sin límites empezando por esa frontera que separaba los dos lados del espejo, ese muro ha sido destruido pues un tercer lado los conecta y la retroalimentación entre público y escena es ahora inevitable.

Si esa nueva relación con el público se tiene en cuenta desde las primeras etapas del montaje la creatividad y la imaginación de los miembros de las companías  crecerá exponencialmente. Pues no podemos olvidar que el I-Teatro ha de ser creado por un grupo multidisciplinar en el que gente de video, informáticos, técnicos y teatreros trabajen en equipo, pues es la forma más acorde para alcanzar esa nueva  multidimencionalidad que se esconde detrás de la idea de I-Teatro.

TO BE CONTINUED.

PRIMER EJEMPLO; CLOUD EYE CONTROL.

enero 22, 2011

Hacía muchos años que no sentía que el corazón se me abría de par en par en un gemido adolescente, siempre me creo que estoy con la persona correcta cuando ando en arenas movedizas.

No entiendo porque me haces estas cosas, no consigo procesarlo, no quiero pensar en las ranuras de mi cordura. No quiero pero pienso en ellas, en como respiran palpitantes cuando tu me dices las cosas que me dices y haces que mi corazón se reduzca y me apriete el pecho y me golpee el estómago.

Me rindo ya no puedo más. Aquí cuelgo los guantes y retiro las botas, es mejor ser sabios antes del error.

Tengo un pánico escénico horrible, quiero dejar esta tortura de amarte así de esta manera tan intensa y volver a mi independencia, pero estas ahí magnética, me destrozas el alma y aun así miro de frente a ver como me quemas.

Aprieta el botón de una vez por todas y deja que todo se cuele por las fisuras del espacio, deja que el préstamo barato que compramos nos designe un nuevo destinatario.

Ahora muero cuando te pienso, ahora muero cuando nos pienso.

Mis manos se sienten dormidas y un halo de irrelevancia flotante me eleva ligeramente del suelo, me doy cuenta de que soy aire, aire pasado y respirado y un adiós postergado, soy nada más y nada menos que un adiós postergado.

La vida es extraña pero aparentemente justa, el paro circulatorio de mi sentido sagrado del destino es un pago por deudas antes contraídas.

No soy tonta.

No soy más tonta.

No soy más.