NOT TO JINX THIS.

agosto 11, 2011

Pero lo haré, estoy segura de que lo haré, estoy segura de que en algún punto todo se convertirá en ese agujero negro que son las relaciones, y todo quedará reducido a la supervivencia del más fuerte, del más listo. La hostia emocional siempre mira desde la esquina futura, entre los extraños que deambulan el bulevar del destino y siempre está atenta a tus pasos en falso y al olor de tus miedos expirados. No es una cuestión de metáforas, es más bien una descripción detallada del laberinto que es enamorarse y desnudarse y dejarse llevar. Entretenimiento. No quiero hacer daño y no quiero que me hagan daño, pero una de las dos es siempre inevitable. Resignación. El tiempo nunca es eterno porque es mentira. El mañana, eso sí que es una cuestión de metáforas. Sus metáforas eran evidentes y ruidosas, las tuyas son íntimas y sutiles.  Cuerpos fluctuantes y mi ropa siempre en el suelo, para disimular la caída y las cicatrices. Mirar de reojo y aguantar el aire, contar sin sentido los minutos extraviados y soltarlo todo para quedarte solamente con los dedos cruzados. La luz perpleja y la casa vacía. La memoria del destierro y el terror. El futuro soleado y beligerante. Hay besos que resumen la vida mejor que palabras. Nada es lo que era y  lo sabes, y sabes hoy mejor que nunca que esas decisiones  son siempre autodestructivas. Nunca verdades. Líneas paralelas reflejadas en su rostro y la mirada apuntando al mismo vértice. El ahora. Todo es un portal, una bolsa sin fondo y un cuenco en los ojos, y el labial que se derrite mientras relames  el abandono de acero. El deber tatuado en el cuerpo y el deseo salivándote la boca.

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En escena esa fiesta que siempre ha terminado en tragedia.

Ente 6: Hay momentos en la vida en que el pasado ha de ser extirpado de raíz de lo contrario puede dañar todo el jardín. Yo sé, ustedes han trabajado mucho por está tierra pero es hora de que reconozcan su estado actual.

Ente 3: Hay días que son sinfonías de ironias y silencios tartamudos. Momementitos de circuitos explotando  que dejan salir todo el humo que antes maquillaba el escenario. .. Es por el bien de todos, ya verán.

Ente 66: Ya no hay nadie allí bailando y a nadie han dejado no descabezado, por lo tanto que tienen que perder.

Megafonía: No existe correlación, ni comunicación.

The man: El vacío sonrreía,  escondido,  tras el pesado terciopelo rosa. Y derrepente  el caramelo que siempre masticaba de tan particular manera empieza a quebrarse. El Anciano muere envenenado y distraido.Estamos enterados de que los finales traicioneros son tan shakespereanos. Macbeth reencarnado.

Ente 66: El cuchillo, el cuchillo, el cuchillo.

The man: Y entonces todo es  simplemente ketchup, una farsa, es tan sólo  salsa química, de esa que pretende ser vida y ser, y no señores no lo es, es una salsa química empaquetada al vacío, a ese vacío del consumo,  Marca Pinocho la de la larga nariz, señores y señoras. Gracias a nuestros patrocinadores.

Megafonía: Es el viejo marketing de almas, el ataque ha sido detonado, lo siento Entes, gracias por su invaluable servicio.

Ente 3: Como pudimos  caer en una trampa tan imbécil!

Ente 6: Tan bendados los ojos y tan cerrados los oidos.

Ente 3: Y la MENTE, la del pobre DEMENTE,  que sabe nada de la realidad, que nada le compete.

(A quien le importa la realidad si mi narrador interior es de puta madre y mis efectos especiales hacen que cualquiera se vea radiante, así sea un réptil por dentro.)

Se pierde todo en el fugaz chispeo de segundos consumidos, y rayos y explosiones se suceden hasta dejar tan sólo un montón de chatarra renegreada y apestosa. Sobre una roca ellas se quedan solas y perplejas.

Anciana: Anda recoge tus cosas muchacha que de este pueblo y esta esquina hace rato que nos echaron, y a patadas. Y yo no soy mujer para someterme a mis demonios por simple terquedad y orgullo.

Sobre el espacio detonado se lee:

LA NEGACIÓN COMPLETA DE ENERGÍA,

LA ABSOLUTA FALTA DE CINÉTICA,

SON LA ÚNICA EUTANASIA POSIBLE PARA LAS CAUSAS PERDIDAS.

(A mi la vida me ha enseñado a ser una perdedora en toda regla. Yo ya no espero ganancia alguna de esto de vivir. Es mi particular forma de combatir el consumismo.  Perdedora profesional, es un buen resumen de mi carrera y mi persona.)

Autocensura

junio 14, 2011

Ella: Cuando has estado despierto toda la noche el tiempo es tan sólo una cuestión de semántica.

(Y vengo y leo al señor Larra en el wikiquode:

«El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer».

No puedo parar de descojonarme. Ah la dulce ironía, una de mis muñecas preferidas.

Tengo un examen en el que me dicen quíen es Larra pero nunca nos han pedido que lo leamos, igual que Balzac. Nombres indefinidos en una serie de datos organizados pero sin sentido, no tiene  historia  una  asignatura cuyo  nombre de pila  es Historia.

Soy una facha de la narrativa ya lo sé. Es la puta palabra que más uso, es una jodida obsesión de mal gusto, dado que entiendo que todos ya la consideramos una obviedad tipo edificio de poca de reputación, con un letrero muy grande que titila intermitente encima de nuestras cabezas apuntando, con la misma claridad y baja reputación, que somos una jodida mierda de raza devora historias con pánico al silencio final. Y que lo uno engendra lo otro y lo otro da sentido a lo uno. Y luego además tenemos la ironía, my favourite, sweet cherry on top,  sweet smiling motherfucker.

El caso es que pienso en Larra que se suicidó a sus 27 años, y que el desamor fue lo que colmó su vaso y lo hizo saltar y pienso en Andrés Caicedo que apareció el otro día entre los estantes de un amigo, Ojo al Cine, que me lo regaló mi exsuegra hace años cuando yo me venía para acá la primera vez. Él tenía claro desde muy temprana edad su suicidio- porque después de los 26 no tiene  sentido vivir- así de adicto era a los finales dramáticos y simbólicos, de esos que te resumen en un párrafo. Igual por eso nos hemos arrodillado ante la guerra y hemos coronamos a la muerte, nuestras fieles compañeras. Todo por esa hambre de conflicto. Todo por escapar  de la cotidianeidad y del aburrimiento y del sopor que es la existencia.

Me siento anonadada con el cosquilleo que me entra cada vez que pienso en tanto suicidio fantástico, y no es que yo quiera volver a mis viejas e insanas costumbres, pero en serio cuando uno lee vidas como estas y las puede contar con semejante final al estilo Madame Bovary mola. Yo ahora solamente quiero vivir entre pixeles, total hay seres mucho más mágicos que yo que lo hacen mejor y con más sentido. Además …

LET ME BE A PIXEL : El  mundo se ve de puta madre desde una pantalla, es un encuadre de la realidad que tu manipulas, soy muy feliz desde que mi mundo es tan sólo caer y caer de un espejo al otro, historia multimedia e infinita.  Mi vida me cuenta lo que le pida que me cuente y lo único que tengo que manipular es un teclado y un ratón.

Adoro que esas jodidas cosas se llamen ratón, como Mickey Mouse. Es que en lo que a manualidades se refiere yo soy un poco inepta, manipular lo que se dice manipular no se me da nada bien.

«El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer». Mariano José de Larra, mi examen de mañana.

Estoy a punto de alucinar del insomnio. Veo cosas dónde no las hay.)

Él: Y cuando uno deja de soñar la vida también se convierte en una simple cuestión de semántica.

A perfect day.

febrero 11, 2011

Por primera vez despegue los pies del suelo y ascendí, mire a todos por encima como diminutas figuritas con las que jugar y lo entendí todo, absoluta y literalmente todo.

Estoy por encima del bien y del mal, estoy estrenándolo todo, y riendo mientras abro regalos extraños, amo esta ironía de trama y despropósito que ahora me anuda, me elevo  en la red sinuosa de la vida y nada me hace siquiera cosquillas.

Ya no hay dudas, Pandora cerró la caja pero esta vez calvó la esperaza con cuatro puntillas gigantes a la pared de mi cuarto, así de artística la niña,  a modo de cristo redentor. ¿O es realmente un gin tonic?.  Que más da, ahí está, retorciendose frente a mi cama, mirándome con estruendo. Y a mi todo me da igual. Todo me da tan igual que Cupido puede tragarse todos los corazones mediocres de la tierra, mejor, que coño, mucho mejor. Yo sigo teniendo el mío intacto, perfectamente incrustado en medio de mi pecho, contrayéndose al ritmo que yo le adjudico, tan solo una  lista de reproducción cualquiera, hoy controlo mis sentimientos con un par de clicks.

Metámos la mano lentamente en el bolsillo de atrás de mi apretado pantalón, sonrío y sé que todos  me miran de reojo, me miran con deseo.

No hay nada más facíl que levantarse el ánimo con un simple recorrido urbano de las piernas y la cintura que todos concideran estéticas, soy un cliché facíl de digerir, cuando quiero entro por los ojos. Y que más da si funciona y no me cuesta nada.

Ya tengo todo lo que necesito para la batalla.

Next stop: Temple of Vesta.

Lets Kill It.

Cupid your dead meat.

Bolaño en mi boca.

junio 14, 2010

“Luego todo se convirtió en una sucesión de hechos concretos o de nombres propios o de verbos o de capítulos de un manual de anatomía deshojado como una flor, interrelacionados caoticamente entre si.”

El asunto es sencillo todo debe ser desechado en el instante preciso, justo en medio del suspiro de la gran mentira.  Allí entre la neblina que se alborota cuando la realidad es empujada por la palabra,  precisamente en medio de la confusión detonada es cuando la reescritura de la especie, de la existencia, ha de ser iluminada con focos robóticos que cieguen de nuevo  los ojos de todos aquellos que pretenden reinventarse. Así la revolución se transformará en evolución y esta a su vez en locución; una locución instantánea de doble click, que no dirá nada más que la misma verdad de siempre, pero esta vez la plantilla de realidad estará empaquetada en un skin confirmado por todas nuestras mentes desconectadas, prediseñado en la sinapsis de todas nuestras mentes desconfiguradas. Todo será un bucle de perpetua carga que no acaba.

-Digamos que todo sucede en una mañana nublada.

-Y que las náuseas decoran el recinto, y  la sangre de miles de corazones abiertos correrá libre y caudalosa ensuciándolo todo, hasta nuestas piernas desnudas.

-Hasta nuestros sexos dormidos. Y entonces yo pondré lo mío, y el aire será gas camuflado en perfume y el veneno será placer y el placer será sincero.

-Abriremos senderos de arsénico en mis venas y reposaremos todas estas moscas en la cama.

-Tus corazones arrancados brillarán entre luces navideñas y el río de su sangre nos hará flotar. El silencio de tus suspiros hará derretir esta capa de moco que esculpe mi ser.

-Apretaré hasta que el crack nos empate.

-Nos romperemos con un crack sencillo de esos  que suceden espontáneamente, simples hijos del tiempo. Cracks mágicos, casi invisibles en su construcción pero certeros en la puntuación final.

Hoy era para cumplir responsabilidades postergadas, intentar adelantar trabajo.
SER RESPONSABLE, bumper sticker que veía en la nuca de todos cuando deambulaba por las calles atestadas de seres fantásticos, seres que entendían perfectamente, casi genéticamente, de que se trataba todo aquello de la supervivencia.
La esquinita derecha de su pantalla marca las 10am y llaman para anunciar que el sitio programado para rodar las escenas ya no existía, había cerrado una semana antes.
Ligero pánico, sutil, pequeñito, minúsculo. Ya pasó.
Restructuración creativa, cambiar de locación, no pasa nada.
Cuatro horas contra reloj replaneando todo.
El lugar arrastra consigo las ideas, el contexto te somete la cabeza; así es el espacio ingenuamente impositivo, total como él solamente esta ahí sin querer estar, pero estando, porque sin el espacio… qué sería de nuestra existencia.
Construir otra escaleta de imágenes, avisar agendas y moverse rápido.
El reloj del celular marca las 4pm, todos esperan a la directora de arte y dueña de la locación de remplazo, y mi novia.
Compras de último minuto, llueve y llueve y no parece que parará de llover.
Suena el celular y la hora marca las 6pm.

-Me estrellé, no alcanzo a llegar a tiempo como para que podamos grabar.
-Pero estas bien!!!!!!!!????????
-Estoy bien, el problema son los documentos que no los tengo encima, pero tranquila que mi ex está acá ayudándome, es que esto fue al lado de su universidad.
– Ah, y yo qué hago ¿voy o no voy?
-Mejor no vengas, oye mira te llamo luego, un beso.

La pantalla del celular, que se entre ve por las gotas de lluvia, dice titilante que son las 6:05pm.
Al caminar de regreso, me doy cuenta de que llevo todo el día correteando al reloj, todo el día detrás de un minutero. Ese pequeño pánico de la mañana vuelve a estremecerse según se despierta y parece que se riera, que se riera de esta vida nuestra que camina apuntillada a los segundos, que según se desprenden del tictac, nos tiran de los pies en un frenético ejercicio ya inconsciente de lo natural que nos sale. Y pensar que el tiempo no existe, eso hace de esta carrera sobre rieles temporales un desfile sobre la nada, un deambular sobre ficciones fraccionadas. Vivimos sobre sueños matemáticos inexistentes, así somos, nos arrastran imaginarios que nosotros engendramos; los hijos intangibles tiran de las narices de sus padres.
Caminar automático, de repente frente a esa nada decorada se ve un estruendo de luz, una ceguera momentánea.
El fundido de todo, el repique celeste. Smile.

-¿¿¿Eso fue un rayo????

Una grieta estruendosa se descuaja del cielo.
Se desdobla el relámpago primero y el trueno después.
Esta  pirotecnia natural es el resultado del choque entre las partículas negativas de la tierra y las positivas de las nubes, es el resultado de la atracción
De vuelta al  destino, ya grabaremos la próxima semana; llamo a mi novia y su celular esta apagado.
Me prometo acabar con este día lo más rápido posible.

“El primer proceso en la generación del rayo es la separación de cargas positivas y negativas dentro de una corriente ascendente …”

El reloj de mi habitación me dice que ya son las 12pm. Cierro el libro y apago la lámpara.
Sé que si el afán por alcanzar a los señores del tiempo hubiese sido más marcado igual el rayo hubiera caído sobre mí. Eso lo sé.
Hay tanto del todo que se lleva el azar.
Uno de los efectos de ser impactado por un rayo es la perdida de la memoria o el funcionamiento anormal de los órganos, se me podrían haber muerto miembros, o simplemente mañana me despertaría siendo incapaz de sentir frío.
Y si mi objetivo hubiera sido estar por delante del tiempo, de todo este día solamente quedaría un montoncito de ropa intacta sobre un suelo anónimo.
Lo más hermoso es que nada cambiará.
Mañana todo empezará de nuevo.

Q.D.E.P.

abril 30, 2010

Salen tarde por esperarlo, algo que suele suceder pues el tiempo rebota ante su persona, sus pasos crean un halo pegajoso que recuerdan a todos que él no va a ningún ritmo conocido.

Corriendo contra el reloj son engullidos por el transporte masivo y en cuestión de un escupitajo están tomando un taxi, ella lo patrocina en nombre de su enfermiza necesidad de llegar siempre al objetivo a tiempo, ella no entiende, pero con él todas sus neurosis desfilan asfixiantes, se engendran unas a otras en un estres creativo que compensa la falta de afán de su acompañante, esa extrema paz con que él retrasa hasta a la muerte.

Eran de esos amigos complicados, esos que nunca saben como quererse. Él caminaba cambiando constantemente de lado, por temor a la constante, y por una incomodidad terrible ante la cercanía, sin control sobre el espacio entre los dos, todo lo resolvia con un complejo zigzag frente al cual ella se perdia y por el que siempre iba prevenida del dilema.

En medio de esta inquietud palpitante, ella lo conduce hasta el teatro, ambos sienten una picada general en el cuerpo, esa piquiña de quien sale a toparse con lo inesperado y lo intuye sin querer admitirlo, lo presiente todo pero se asume demente al decirse estas cosas; Casandras en su mutualidad, dependientes del binomio incomprensible.

Sin aire llegan a la puerta, 15 minutos de retraso, entran arrastrados por ella y su estres magnético, sin preguntar por entradas, y como Pedro por su casa ella sigue de prisa hasta el escenario intentando adelantar la música que insinúa el espectaculo iniciado. En el pasillo que va hacia el escenario hay una corona de flores y en ella se lee el nombre de mujer, pero eso ella no lo ve. Él, sin embargo, siguiendo su tempo se para con precaución, se muerde los labios hasta sentir sangre en su lengua y degusta el porvenir mientras lee la dedicatoria del requiem.

El teatro se sentía extraño, más teatral que nunca, ella se emociona, se dice para sus adentros “aquí fue esto es lo inesperado presentido, y yo pensando lo peor, que obra más genial”. El ataúd abierto en mitad del escenario es bañado por tres focos de luz intensa y amarilla, la madera reluce, en las gradas unas 15 personas susurran.

Ellos se sientan, miran sin entender y esperan; el ritual ha de iniciar sin informarles que hacen parte de él. No hay obra, no hay ficción, solo muerte, solamente el cadáver de ella, allí dispuesto como el gran protagonista de este drama que es la vida. El escenario la cobija con su oscuridad infinita, en aquel santuario las lágrimas no son ensayadas, nada es predeterminado excepto por la actitud expectante de la vida misma que barniza esos 15 semblantes con el clímax del extremo.Esta era la dramaturgia acabada, el corpus de lo istrionico, primer final real representando en este escenario.

Ella jamas había visto un muerto, no sabia su nombre, no sabia porque estaba ahí en vez de la función prometida, pero igualmente sentía como la conclusión se evocaba una y otra vez en un bucle exquisito de reproducción y producción narrativa, pensó que la noche era un principio y un final simultaneo enhebrados por los símbolos perfectos y esto despertó en ella todos los placeres bacanicos que jamas había sentido, el hedonismo le hacia cosquillas en los tobillos, en las manos, en su frente, en el vientre y este hormigueo aumentaba según se acercaba al féretro; le dio miedo entender que el cierre de todo aquello era esto y que el gran mensaje era un ataúd brillante en medio de su escenario. Se quedo aterrorizada y él lo sintió, la tomo de la mano y salieron sin decir nada.

Empiezan a caminar. Caminan por primera y única vez en completa simetría, sin que él hulla, sin que la cercanía le queme la piel, mientras ella egoistamente repasa los símbolos que le sustentan los pasos, el movimiento se torna en repique, el tropiezo que son sus vidas explota con el roce, una nueva coreografía recorta sus cuerpos; el beso se retuerce en sus estómagos.

Como si siguieran pistas llegan a una calle que él reconoce, la lleva con un gesto hasta un edificio viejo, timbra, ella no pone atención: esta estancanda en la premisa. Entran a un espacio muy iluminado, cargado de un olor dulzón y podrido, es hora de despertar del sueño mental, se dan cuenta que sus pies pisan un santuario urbano; esta es la casa del taita. El taita que curaba la mente de todos los demonios perseguidos, el mago personal y de bolsillo.

Hacia años que ella le oía historias de este personaje, él le enviaba mails invitándola a sus tomas de yage, ella nunca contestaba, ella no entendía que para él las tomas eran la aguja que lo cosían de vuelta a la tierra.

En medio de este edificio roído del centro de la capital la estupidez se mezcla con la claridad, las paredes se maquillan de manchas cafés que devoran toda la parte inferior del recinto y el milagro se convierte en chicle de tres pesos. El taita juega ajedrez y los mira desde la distancia, mira todos los pasos, mira sin determinar presencias, los ojos puestos en accesorios perdidos, en decorados humanos. Una chica esta tirada en un colchón bajo el hueco de las escaleras, no duerme pero no esta allí. No para de entrar y salir gente, gente que apenas esta, gente que no se detiene, todos aquí para bien o para mal trazan un rumbo y solo estan de paso.

Él habla con muchos en un sólo ser y ella se sienta y mira todo entre el asombro y el dejavu, ella se pierde en el eclecticismo del lugar, abre las pestañas ansiosas de tragarse entero este templo al sincretismo, el cadáver que aún no abandona su retina le sonríe, la imperante sensación de escape rebota en las paredes desprendiendo un eco estridente de pasados sobrepasados. Ella no tenia que estar ahí, esto lo entiende rápidamente y cuando va a buscarlo para irse él ya no esta, entra el pánico, gritan su nombre, él no contesta, todos la miran con desden. Se acerca a uno de los ambulantes y le pregunta por su amigo, le contesta que no sabe de quien habla. La consume la rabia, esa rabia cuadriculada y milimétrica que florece cada vez que la lógica la deja a la deriva, esa rabia que le recrimina a su cerebro la falta de disciplina existencial.

Sale de sí, esta afanada, él no es, traga saliva y toda la boca le sabe a miedo, el corazón se le atasca en la garganta, él no es, el abandono se convierte en monumento. Se sienta mirando a cielo, demandando respuestas, preocupandose por todos los posibles errores que la han llevado allí, justifica la confusión con toda clase de artilugios retóricos, pero todo es inservible, se pierde y no sabe muy bien de qué ni porqué. La noche se tensiona sobre sus regazo; “cerremos los ojos y recordemos aquel eco perdido en mis sentidos, el eco agudo que rechinaba en mi memoria dictándome la sentencia de desalojo…”, dice llorando. Pasan unos segundos y entiende que el anónimo final es el que le dará paz, tranquilizada por aquel descubrimiento ahora es conciente de la generosidad de su escenario.

El rompecabezas de la noche esta casi resuelto, separados para siempre, jamas se volverán a ver, nunca sabrán qué les paso, pero entenderán que esa noche tenían que morir, esa noche entierran el nosotros, y solamente desde el despliegue teatral se podía apelar entendimiento. Nunca se tuvieron, por culpa del brinco constante que aceleraba la velocidad de él cuando la miraba y porque ella, mundana percepción, jámas obstruía sus desplazamientos. Por más que se guardaran los mejores pedacitos de ambos para compartirlos, ellos sabían que la imposibilidad era lo suyo, esa era justamente la nota que disociaba sus almas. La negativa era el interruptor que titilaba su dinámica y que les arrojaba silencios entre los discursos.

Ella: Te salpiqué todo lo que pude y te dejaste.

ÉL: me dejaste dejarme, eso lo sabemos los dos.

Ella: eso es lo que te empujó al olvido.

Él: lo que me hizo saltar al vacío.

Ella: te fuiste rasguñando todo el cariño reprimido que nos guardábamos.

Él: me fui porque tu no podías darme nada, solo guardarme todo.

bta.

septiembre 20, 2009

Cuando esta ciudad de paños menores abre sus fauces, el paso de sus habitantes se acelera, todos saben que es hora de huir y resguardarse de la furia del panteón urbano.

Hay, por supuesto y como en toda urbe viviente, unos cuantos descarados con ansias de cruzar límites que en ese preciso momento se alistan para salir a disfrutar de la serpiente revoloteando.

Siempre que un monstruo se enseña en toda su grandeza hay lunáticos dispuestos a regodearse en las babas chorreantes de sus labios, hay sedientos de vértigo, seres voraces que sólo se sienten vivos danzando en la superestructura incandescente y agresiva.

Cuando esta ciudad reiterada de mis días perdidos despierta, yo me pongo las botas, me pinto los ojos y me lleno los bolsillos de monedas de la suerte. Relleno mi vacío y me pongo la máscara apropiada para la ocasión y salgo en busca de ese horizonte que aún no he cruzado y que yace palpitante entre su asfalto.

Retumbo mis zapatos de tacón dos veces, pienso en Dorothy y comienzo a centellear, sé que esta noche puede ser un todo o una nada y en realidad lo que más espero es el grito del desahucio que causará cualquiera de las dos.

Camino por la noche hecha avenida, deambulo entre el océano de existencias entrópicas, y me concentro en caminar al ritmo del veneno capital, para no parecer desentonada, y ser así una estrellada más en este firmamento desplazado.

Mi querida ciudad sin reglas.

Mi cuidad regalo.

Mi amada Bogotá de cerros estridentes y contrastes sinfónicos.

Mientras la música sesea en mi organismo, el alcohol y las drogas me arrullan fuera de mí y súbitamente recuerdo el tiempo en que no me tuviste, el tiempo en que me excusaste para manosear otras metrópolis y confundirme entre sus sirvientes, el tiempo en que ensuciaba mis vestidos de nombres extranjeros. Y recuerdo tu ausencia y mi indecencia, y suspiro tu contaminación adulzada, la saboreo mezclada con el porro y el químico redondo que baja por mis conductos, y justo antes de que explote todo me siento libre por primera vez en tantos años…  hasta parece la libertad primigenia, aquella que me empujo a no temerte y a guardar la compostura ante lo decadente.

Te estoy agradecida por tus bendiciones inesperadas, aquellas que me diste sin que yo supiera que me las otorgabas, te estoy agradecida por tú silencio en el momento perfecto y sobretodo por salpicarme el alma con tus mugres, pues sin el tinte de grises platinados que es tú patrimonio jamás me habría sujetado al suelo de esta tierra… y lo he hecho por ti, incluso en contra de mi voluntad.

Adoro embadurname una vez más en tus caudales y tu escándalo, hoy no llego a ningún lado, hoy la cinética del gemido me recarga el alma.

Cuando me siento en un anden por Chapinero y me saco tus piedras de mis carnes,  sonrío  devorándome  la cámara como lo haría cualquiera de tus protagonistas, y me leo el alma.

El orden de la nada.

mayo 24, 2009

Hacia mucho tiempo que no estaba a solas con él.

En realidad no estaba a solas, estaba en el puto metro atestado de gente, pero hacia tiempo que no quedábamos él y yo; obligados a hacernos de exclusiva compañía.

El metro llego a la estación de Gran vía, se vacío el vagón.

Me senté y me vi las botas, hacia tanto tiempo que no me ponía esas botas de tacón, note la ironía, no me ponía la botas casi desde la misma época en que lo conocí.

Por aquellos días yo estaba reinventándome, intentado aparentar de una vez por todas la edad que empezaba a tener y es que después de haber sido tan punky el comprarme unas botas de tacón era todo un “estaitment”, era como decirme a mí misma es hora de que empieces a madurar y a ordenar tu puta vida. Y justo ahí había llegado él, justo en ese momento de mi suturada madurez me había cruzado con él.

Como lo supe, con una sonrisa me pulverizo, no lo conocía aún y tan solo le tomo una sonrisa distante, anónima, para arrebatarme la paz. Como odio eso, como odio las personas que me reducen a espasmos emocionales, a monosílabas impulsivas.

Las botas estaban muy gastadas, no es que hubiese pasado años, es que eran baratas. Creo que él y yo vistos desde fuera teníamos que parecer igual que las putas botas; baratos y desgastados prematuramente, o por lo menos así me imaginaba yo que nos veían los extraños que poblaban el metro.

Yo siempre fantaseo con la gente del metro, creo que todos lo hacen, no soy aquí la soñadora primigenia de vidas ajenas, por eso estaba convencida de que el primer aburrido ojearía el vagón y se fijaría en la incomodidad que desprendíamos.

La conversación era una sucesión de obviedades insultantes, pero es que incluso en medio de los amigos, laxantes para nuestro dúo,  éramos incapaces de hablar, de realmente hablar. Ni siquiera borrachos. Ni siquiera drogados.

Era tan consciente de todo esto que estaba temiendo que se me notara en la cara.

Creo que saber que tenía que pretender de este modo con él era de los actos más infames de mi vida, pero era inevitable, era casi mecánico, es como si al intentar acercarme de nuevo me descompusiera y se me fueran cayendo poco a poco las extremidades, era sumamente doloroso y por eso ninguno de los dos lo había vuelto a  intentar.

Por todo eso este encuentro obligado era escandaloso, los pensamientos pasados se me untaban en el semblante mientras yo intentaba evadirme repitiendo mantras cotidianos de estupidez tras estupidez.

No creo que sirviera de mucho mi esfuerzo por disimular pero por lo menos mantenía ese tono falso tan eficaz a la hora de marcar abismos entre personas.

Él vivía donde siempre, vivía en aquel piso del que recordaba casi todo.

Yo estaba estrenando libertad y con ella habitación nueva. Estrenaba muchas cosas en mi vida últimamente.

¿Por qué coño me puse las putas botas justamente hoy? Detesto este tipo de coincidencias estupidas, si por lo menos fuera una coincidencia con consecuencias, pero no, es una mera sutileza, una insignificancia tal que molesta más que la sarna.

Ahora mi piso estaba justo frente al suyo.

Ahora tenía que reacostumbrarme a esta soledad absurda de estar acompañada, de sentirme despedida en cada segundo.

Este inicio de batalla me había tomado por sorpresa.

Yo me encontré con alguien que se encontró con otro alguien que nos llevo al bar al que luego llegaron ellos y luego llegaron todos. Ya esta, esa es la puta historia, así esquemática, por que para qué entrar en detalles, para qué deleitarse en la matanza si ahora me estoy desangrando.

Lo que más me repugna de toda la jodida situación es su indiferencia, es decir él sabe que yo estaba ahí tragando granadas, mientras para él era un viaje en metro, incomodo sí, pero nunca una batalla desalmada por sujetar su existencia.

Él sabe que yo soy el tipo de esqueleto de ser humano que tiende a desprenderse con facilidad y a quedarse esparcido por los rincones menos esperados, soy un puto esqueleto que se hace montoncito de huesos a la minima, así porque sí.

Hubo un momento en que incluso creí por un segundo ver un fotograma escondido entre el desgaste.

Fue un fallo, un despiste mutuo.

Contexto: conversación sin sentido sobre la nueva línea de metro.

Él menciona que la tuvo que tomar el otro día para ir a la estación de trenes porque iba a ver a su hermano pequeño y ahí fue cuando se jodio todo. Se nos olvido quienes éramos y el papel que teníamos asignado, él miro al cristal con ternura, se miraba a sí mismo, porque el contacto visual directo era peor que una ceguera momentánea. Sin querer el cristal se convirtió en excusa, el puto fondo negro del túnel que lo consume todo nos hizo eco, y por un segundo cruzamos la mirada en la proyección.

La jodimos, la tensión a continuación fue minuciosa, fue exhaustiva y nos dejo agotados, en silencio. Hastiados el uno del otro porque ya sabíamos como acababa todo y ninguno tenía ánimo para pretender, el microsegundo de ternura nos había eliminado. El cansancio se hizo insoportable, todo me pesaba, odiaba estar en medio de este chiste y tener que mirarme los pies y ver las putas botas de tacón, era como escupirme en la cara.

Quedaba poco, una sola estación.

Respire y el aire se agrietaba.

Cerré un poco los ojos y me ardieron los parpados.

Me dolía la cabeza.

Afuera hacia frío, mucho frío, me abroche el abrigo mientras caminaba, luego de dos pasos exactos, contados, premeditados, me gire y sonreí intentando estar por encima de todo, intentando no sentirme desnuda, y levante la mano para decir adiós.

Todo parecía llegar a su fin, la ultrajante sensación de su presencia pronto se disiparía, sabia que no era la última vez que esto sucedería ahora que la ecuación apuntaba a repetirse, a convertirse en constante. La suerte seria reiteradamente violada hasta que ya no me importara prostituirme y sucumbiera, y asumiera que esto se normalizaría y que justo entonces toda la poética, la tragedia, de nuestra historia se acabaría. Irremediablemente nos haríamos pop, marketing, olvido.

A partir de aquí y de ahora seriamos inmemorables.

Cuando llegué a casa me quite las botas muy despacio, con el alama llena de tristeza, porque ellas eran una de tantas cosas que volverían a ser silencio, que ya no tendrían qué decir, que se convertirían en mortales.

Las muescas del yo que deje por tú camino ya no sirven.

Hoy serás el abandono monótono. El orden de la nada.